cómo será ese mundo en que ella vive.
Es un lugar que yo no conozco
y al que no puedo viajar para acompañarla.
La observo,
casi siempre me sonríe,
es una sonrisa verdadera,
pero ausente.
Hablo con ella de su pasado
y parece que me recuerda,
abre mucho los ojos,
y me sonríe,
nuevamente.
Cuando se apaga mi voz,
muere su memoria.
Elisa González Miralles